Revista Bajo los Hielos N° 16
(Septiembre
de 2005)
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El árbol
sagrado en la tradición vasca (Yerko Isasmendi) |
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"Izena duen guztia
ornen da" Todo lo que tiene nombre existe Es difícil poder precisar qué elementos son autóctonos de las
creencias protovascas (1) y cuáles son aportaciones
de los pueblos celtas o norteafricanos (2), llegados al territorio Vasco
aproximadamente en el 300 a.C. La mitología y el Folklore Vasco tal como nos
han llegado, son el resultado de una evolución que indudablemente mantiene
elementos de tiempos muy antiguos, pero sin lugar a dudas con aportaciones e
influencias de elementos foráneos; lo que ha llevado a una evolución de las
creencias autóctonas. De la misma manera, es imposible no aceptar la
incorporación de elementos míticos de otras culturas (3), como los diversos
pueblos habitantes de los Pirineos o la fase de romanización de gran parte de
la península Ibérica y sobre todo, de los fuertes cambios culturales,
sociales y religiosos, provocados por la expansión del cristianismo. A través de los datos que manejamos, podemos afirmar que en la
cosmogonía arcaica vasca, el Cosmos era un organismo vivo, que se regeneraba
periódicamente, razón por la cual, la naturaleza toda era su expresión,
siendo el árbol, la manifestación viva de esta capacidad de regeneración
eterna; creencia por lo demás compartida por la religiosidad indoeuropea,
donde el árbol jugaba un papel preponderante (4). La visión de las inmensas selvas vírgenes que cubrían toda Europa,
sin lugar a dudas influyó en los antiguos vascos, dando pie a cavilaciones
religiosas que desembocaron en la adoración el árbol, ya desde épocas muy
remotas. Vestigios de la adoración a los bosques y por ende, al árbol,
como símbolo de centro o punto de unión, entre el cielo, la tierra y las
zonas infrahumanas, es posible rastrearlos en las lápidas aquitanas de la
época romana, plagadas de dedicatorias a Arixo
deo, Artehe deo, Fago deo, Leheren deo (5), etc. Para comprender el simbolismo mítico-religioso del árbol, debemos
adentrarnos en la mentalidad del antiguo vasco, en donde su cercanía con la
naturaleza y la vida, le permiten descifrar en el ritmo de la vegetación un
sentido más profundo; la regeneración periódica, da lugar al simbolismo de la
salud, la inmortalidad. A raíz de ello, el árbol (6) no solo simboliza el
cosmos, sino también la vida, la juventud, la inmortalidad y la sabiduría. Si
analizamos las creencias vascas, nos damos cuenta que el árbol y el bosque
(7) son lugares sagrados, donde se expresan de forma trascendente los
misterios de la vida y de la creación, así como de la renovación de la
juventud (8). En una forma más "popular", degradada de simbolismo
mítico, es posible ver incluso la asimilación de la naturaleza y, por tanto,
también del árbol, de las propiedades del alma-espíritu o "sombra"
(9). Innumerables son las costumbres basadas en la sacralidad
del árbol y, por ende, del bosque, que han subsistido hasta el siglo recién
pasado en suelo vasco. Un claro ejemplo son las frases rituales, recogidas
por R. M. Azkue, de los leñadores antes de iniciar
la tala: Guk botako zaitugu
eta barkatu iguzu (nosotros te derribaremos y perdónanos). En la
misma línea, es posible rastrear en todo el mundo creencias similares y una
serie de ritos que son llevados a cabo al momento de la tala (10). A lo largo de todos los Pirineos hay claras huellas del culto a
los árboles. Un claro ejemplo son los altares dedicados al dios (la haya) y
al dios seis árboles. En el país vasco, esta fuerte implantación del culto
arbóreo se ve reflejada en los altares votivos en la zona de Bigorra dedicados a Fagus, (11), la deidad de los árboles. A menudo
la epigrafía (12) de dichos altares, está
acompañada de hojas y esvásticas. La divinización de la haya podría provenir
como lo teoriza Oliver de Marliave, de la
utilización antiquísima de los hayucos como alimento complementario de
las poblaciones pobres montañesas. En Bigorra también se han descubierto
varias estelas y altares dedicados al dios galo-romano Silvano. La competencia
de esta divinidad era precisamente el bosque (13). Su función era velar por
los trabajos de pastoreo y por los pastos; siendo confundido en el mundo
indoeuropeo a menudo con un fauno o con el dios Pan. Silvanus
encuentra su traducción vasca en las inscripciones de Basaerte
deo, Basa-arte, palabra derivada de baso
(en castellano, bosque). El Espino (14) es otro arbusto venerado desde tiempos
inmemoriales a raíz de la utilización de sus espinas como "agujas"
en operaciones de cirugía elemental, según el investigador Oliver de Marliave. Aunque es dable hacer notar que a menudo las
interpretaciones contemporáneas de las antiguas creencias, las reducen a un
plano netamente naturista; siendo muy diferentes de nuestra forma de entender
la naturaleza y, por tanto, el simbolismo de aquéllas y la relación que se
establece con el hombre. En el País vasco la adoración del Espino tiene su máximo
referente en el culto a Arantzazu o Iranzu (15); Nuestra Señora del Espino
(16), siendo uno de los santuarios de Guipúzcoa más populares. Según la
leyenda, el culto a Arantzazu se produce por
la aparición de una virgen en un bosquecillo de espinos. Ahora bien, es fácil
ver la cristianización de una creencia mucho más antigua. Pues, en la
actualidad, cada 15 de agosto, son miles de millares los fieles que acuden a
rezar y a bendecir las ramas de este arbusto, al
que se atribuye virtudes profilácticas; estando su veneración dirigida no a
la virgen en sí, sino más bien, al espino. Por dicho motivo es dable ver en
el inicio al culto del Espino, una antigua creencia centrada en dicho árbol
como "morada" de una deidad o espíritu arbóreo, entidades ligadas a
conceptos de vida-salud-regeneración. Sin embargo, el árbol que ocupa el lugar de máxima importancia en
la cosmovisión vasca es el Roble, siendo éste el emblema heráldico del país
vasco (17). El citado árbol ha inspirado durante mucho tiempo un gran
respeto, tras el cual se trasluce un fuerte sentimiento religioso primitivo.
La religión del Roble o del dios Roble (18) parece haber sido compartida por
todas las ramas del tronco ario en Europa. Tanto
griegos que ítalos asociaron al árbol con su dios máximo, Zeus o Júpiter,
divinidad del cielo, de la lluvia y del trueno. Quizá el más antiguo y
ciertamente uno de los santuarios más famosos de Grecia fue el de Dodona, donde Zeus era reverenciado en su roble oracular (19). No hemos podido hallar una relación entre
el roble y alguna divinidad o genio en particular en la mitología vasca a
modo de lo ocurrido en los ciclos míticos indoeuropeos. Por otra parte, una gran cantidad de las apariciones marianas en
los Pirineos, se producen justamente sobre robles. De la sacralidad
del Roble han nacido variadas tradiciones y ritos, como el paso a través de
éste como método curativo de enfermedades; siendo justamente un roble joven
el mejor árbol en el cual llevar a cabo este rito. La práctica del paso de los niños enfermos a través del tronco
astillado de un roble joven (20), es una práctica que subsistió en forma viva
hasta bien entrado el siglo XIX. Este rito perseguía traspasar la enfermedad
del niño al árbol, al ser éste un símbolo de renovación, de la vida y, por
ende, de la salud. La creencia que sustenta a dicho rito se hundía en las
creencias vascas más antiguas. Si en los días siguientes el arbusto se
marchitaba, era una prueba clara que el rito había sido exitoso. El barniz
cristiano de esta práctica pagana es dado por el requisito de la
participación en él de dos hombres llamados Juan (21) y de la fecha a
realizarse, es decir el 24 de junio, día de San Juan. Leyendas y tradiciones de los Bosques Quizá el personaje que mejor representa la cosmovisión naturista
del pueblo vasco y su estrecha unión con los bosques y la naturaleza, sea Basa
Jaun (22): el Señor Salvaje de las montañas y
bosques de Euskadi. Una de las figuras
centrales del panteón vasco. Basa Jaun posee
elementos de deidad rústica como de hombre salvaje. Tiene la forma de un
hombre alto cubierto de pelo y una larga cabellera que le cae por delante
hasta las rodillas cubriendo su cara, pecho y vientre. Protege los rebaños,
gritando desde las montañas cuando se acercan tempestades, para que los
pastores retiren su ganado. El folclore lo ha dotado de una compañera llamada
Basa Andere, con la cual habita en cavernas
o abismos. Se cree que la región predilecta de Basa Jaun
y Basa Andere, es el gran bosque de Iratí,
en los Pirineos Atlánticos, una de las más antiguas zonas de pastoreo en los Pirineos.
Basa Jaun es el protector de la naturaleza
en su estado virgen, y puro, a la vez que de los rebaños y de la vida
salvaje. En la figura de Basa Juan, el señor del bosque, está
simbolizada la vida salvaje y primitiva, el orden en estado primordial, el
hombre mismo en una prefiguración aun unida con la naturaleza, como fuerza
pura y virgen. Dentro de los personajes míticos del panteón vasco, es posible
encontrar claras referencias al simbolismo árbol-vida-inmortalidad que ya
hemos indicado en este trabajo. La mención de un jardín de plantas de
inmortalidad, que posee Jauna Gorri (Señor Rojo), genio que reside en la cima del Anie ó Ahunamendi, es un claro
ejemplo de esto. Dicho genio posee el poder de desencadenar tormentas (23) en
los valles de Aspe, Barétous, Roncal y Belagua (Verán, Zuberoa y
Navarra). Se dice que el licor extraído de esta planta otorga una fuerza
sobrehumana, gracias a la cual los hombres eran capaces de derrotar a los Peluts (24). Innumerables son las tradiciones aun vivas que se remontan a
prácticas ancestrales, cuyo real simbolismo está cubierto por el manto del
cristianismo, como es la utilización en los hogares a modo de protección de
la Sorgin Berala
(25), el gran cardo de los Pirineos. Esta planta es un símbolo del sol, siendo
también llamada Eguskilore (Flor de Sol).
Recogida antes de la fiesta de San Juan y clavada sobre la puerta, aleja a
los demonios y otros espíritus malignos según el folklore popular. Por otra parte, en la supervivencia y el renacimiento de las
festividades de Mayo en los Valles de Baztán y del Bidasoa
(Guipúzcoa y Navarra) podemos ver lo profundo que está arraigado el culto a
la fertilidad, simbolizado en el árbol, entre el pueblo Vasco. En dicha
festividad, las Maiatzas (26), grupos de
jovencitas agrupadas en torno a una reina, vestidas de blanco y coronadas con
guirnaldas floridas, recorren las calles de los pueblos, celebrando el 1º de
Mayo (27), el retorno de la fertilidad de la tierra, siendo cubiertas de
pétalos y hojas. El árbol
como símbolo político «Ante Dios humillado en pie sobre la tierra vasca en recuerdo de los antepasados bajo el árbol de Gernika ante vosotros
representantes del pueblo juro desempeñar fielmente mi cargo» Estas son las palabras - recordadas en una placa - dichas por
José Antonio Aguirre, Primer Lendakari de Euskadi en 1936. Palabras que se han convertido en
fórmula protocolar al momento de acceder al cargo de Lendakari
(28). En dicha ceremonia el Lendakari frente
a los 12 metros de altura de su tronco, utiliza una fórmula ancestral:
"ante Dios humillado, en pie sobre la tierra vasca...". Dicha ceremonia pone de manifiesto el carácter
"sagrado" que, desde épocas antiguas, el árbol, y especialmente el
roble, ha sido el centro de la actividad social en el pueblo vasco. Como bien lo señala Adolfo Gutiérrez Fernández la palabra
otorgada bajo la sombra de un árbol posee un valor especial; de ahí nacen las
tradiciones de los "árboles junteros" llamados así por servir de
cúpula viva a las reuniones que regían a los antiguos vascos. Ejemplos de estos árboles junteros los podemos encontrar en los
robles de Gernika, Aretxabalagana
y Arriaga, como protectores vivos de las Juntas de Bizkaia y Álava; símbolo de la supervivencia del carácter
sagrado del árbol, guardián del orden y, por tanto, juez de los pactos y
juntas (29). Por otra parte, el haya, los robles y los fresnos han dado sombra
y protección a las ermitas e iglesias, así como a festivales y romerías. En
lo que se refiere al Fresno, Lizar, M. Lekuona recogía la siguiente expresión: Lizarra ez da bedeinkatu behar; berez da bedeinkatua (el
Fresno no hace falta bendecir; de por sí es
bendito). Como hemos podido apreciar a lo largo de este pequeño trabajo, el
árbol ha jugado, y lo sigue haciendo, un papel importante dentro de la cultura
vasca, desde los principios mismos de ésta. Ya sea como símbolo del
eje-centro del mundo, de punto de unión entre los mundos (tierra-cielo), de
la fertilidad, fecundidad, vida e inmortalidad; o como símbolo de orden y
justicia; el árbol se encuentra estrechamente unido a la historia y a la
forma de entender el mundo que los vascos aun conservan. Pero aún hay más. Los dioses y diosecillos
de lugares, cuyos nombres aparecen en las inscripciones, tienen nombres
eminentemente vascos. Léese con frecuencia, Arixus deo, o
bien Arixo deo,
equivalente euskerizado de la deidad latina Robur deus. A
nadie se le oculta la semejanza de Arixo
latinizado con aritza (roble), nombre vasco
de la mitología del Lacio. El deus Silvanus, el dios de los Bosques, encuentra su
traducción en las inscripciones, sea Basaerte
deo, Basa-arte, palabra derivada de baso
—bosque. NOTAS 1.- Protovascos o paleuskéricos. Es decir de la lengua que más tarde
evolucionará al euskera. 2.- Ibéricos, bereberes y guanches. 3.- Las altas zonas de los Pirineos desde siempre han sido
lugares de pastoreo; razón por la cual las concepciones mítico-religiosas de
diversos pueblos pastoriles habitantes de dichas zonas, entre ellos los
Galaicos, Astures, Cántabros, Vardulos,
Caristios y Autrigones, indudablemente tuvieron que haber influido de alguna
manera las creencias de los antiguos Vascos. 4.- Entre los antiguos germanos, suecos, fino-ugrio, lituanos,
eslavos, griegos e itálicos, el culto a los bosques sagrados y al árbol es un
elemento siempre presente en sus respectivas creencias. 5.- Los dioses Roble, Encina, Haya y Pino, en expresión
vasco-latina. 6.- Es dado hacer notar que
el árbol como objeto natural, no puede sugerir la totalidad de la vida
cósmica; pues en dicho nivel profano, la vida vegetal no revela más que una
simple serie de nacimientos y de muertes. 7.- Entre los antiguos germanos fue corriente la existencia de
los bosques sagrados. El culto al árbol no está totalmente extinguido entre
sus descendientes actuales. 8.- Semejante visión mítico-religiosa hacia el árbol puede
rastrearse en innumerables ciclos míticos de pueblos muy variados. Para mayor
información recomendamos leer el capitulo IX del libro "La Rama
Dorada" de James George Frazer. 9.- En algunos ciclos míticos en el mundo las almas de los
difuntos son las que animan a los árboles. 10.-
Según
estos mitos, si los árboles están animados necesariamente son sensibles y el
cortarlos se convierte en una operación quirúrgica delicada que deberá
ejecutarse con la mayor ternura posible hacia el sufrimiento del paciente. 11.- Su forma latina es Fagus, Sylvatica, del latín sylvaticus-a-um = que crece en los bosques. 12.- La epigrafía es una ciencia auxiliar de la historia, a través de la cual
se estudian las inscripciones hechas en materiales duros (piedras, huesos, metal, madera, etc.). 13.- La evolución en el pensamiento religioso arcaico desde los
espíritus arbóreos a las divinidades del bosque marca la transición entre el
animismo al politeísmo. Una vez que el espíritu arbóreo se "libera"
de un árbol especifico comienza a cambiar su forma, produciéndose poco a poco
una asimilación gradual con la forma humana. Es así que vemos, por ejemplo,
cómo en el arte clásico las deidades Silvanas
son representadas en forma antropomorfas. 14.- Arbusto muy querido por las Hadas en el folklore celta. 15.- Dicho culto se encuentra difundido en amplias zonas de los
Pirineos, como son los santuarios gascones de las Vírgenes de la Apogarde y del Espinau; así
como de los Espinars en el Vallespir.
16.- Aranzu en euskera es "espino". 17.-
El roble
también está presenten en el himno nacional vasco, compuesto por Yparraguirre en el año de 1855; en éste, le canta al
roble como símbolo del enraizamiento de las
libertades. 18.- Arixus deo, o bien Arixo
deo, equivalente euskerizado
de la deidad latina Robur deus. Arixo sería la
forma latinizada de aritza (roble). 19.- Desde Europa meridional a la central, encontramos aun al
gran dios roble y al trueno entre los bárbaros arios que viven en las
inmensas selvas primitivas. Así, entre los celtas de la Galia,
los druidas no estimaban nada tan sagrado como el muérdago y el roble sobre
el que crecía; escogían robledales para escenario de su rito solemne y no
ejecutaban ninguna de sus ceremonias sin hojas de roble. Es oportuno recordar
que el nombre propio de druidas se cree por buenas autoridades en la materia
que no significa otra cosa que "hombres del roble" u
"hombres-robles". Por otra parte, entre los germanos el Roble
estuvo asociado al dios del trueno, Donar o Thunar,
el equivalente a Thor; entre los eslavos
estuvo asociado con el dios del trueno Perun;
entre los lituanos con el dios tronante Perrunas. Vemos así que entre
varios pueblos indoeuropeos el dios del roble fue también el dios del trueno. 20.- Podemos observar la supervivencia de los "principios de
la magia imitativa en dichos ritos, siempre eso sí bajo el barniz de un
cristianismo medieval y paganizado. 21.- Nombre hebreo cuyo significado es "Dios es
misericordioso". 22.- También llamado Anxo. 23.- Vemos aparecer de nuevo la relación árbol y las potencias
del rayo. 24.- Estos seres eran unos malévolos gigantes que guardaban los
tesoros de Jauna Gorri
en el fondo de las cavernas. 25.- Sorgin en euskera es "bruja" y Belara,
viene de belar que significa
"pasto", razón por la cual la Sorgin
Belara sería la hierba de la bruja. 26.- Llamadas Mayas en Navarra. 27.- En el paganismo indoeuropeo la festividad del "árbol de
mayo" o "palo de mayo" estuvo muy extendida, siendo una de las
principales fiestas de los campesinos europeos. La festividad en sí, se
iniciaba a principios de verano o aun en el día de San Juan (costumbre que
todavía perdura en muchas partes de Europa). En dicho día se iba a los
bosques, en los cuales se cortaba un árbol, para luego ser era llevado a las
aldeas, plantándose al árbol en el centro de ésta, durante manifestaciones de
alegría. El objetivo de dicha festividad es atraer a la aldea, y a cada casa
en particular, las bendiciones que el espíritu del árbol puede otorgar. 28.- Presidente del gobierno vasco. 29.-
Adolfo
Gutiérrez Fernández, en su texto:
"Cuando un árbol se muere.......se le echa de menos, como a un viejo
compañero" nos da variados ejemplos del simbolismo jurídico – político
del roble y de los árboles en general dentro de la actual sociedad vasca. A
modo de ejemplo, citamos alguno de estos árboles, como el árbol de Arechabalaga (entrada del Señorío de Vizcaya), Larrazabal (Valle de Orozko);
Barajen (Valle de Aramayona); Árbol de Sagastiguren ( al pie del mismo
se celebraban las Juntas de la Merindad de Marquina);
el nogal de Licharre ( lugar donde se celebran las
Cortes). En Iparralde se encontraba el roble de Ustariz; pero más fama tiene el roble de Vincennes bajo cuya sombra, según la antigua tradición,
el Rey San Luis administraba Justicia después de oír misa. Fuentes: Pequeño
Diccionario de Mitología Vasca y Pirenaica. Oliver de Marliave,
Jose J. Olameña, España,
1995. La Rama Dorada, James George Frazer, Fondo de
Cultura, México, 1995. Monografía Mitología
vasca, José Miguel Barandiaran, San Sebastián, Txertoa, 1982. Cuentos Tradicionales
Vascos, Lurdes Auzmendi,
José J. Olañeta, España, 2000.
Además se recomienda ver: www.geocities.com/paisvascohistoria Ekhaitz Arrikibar Cuando un árbol se muere
... se le echa de menos, como a un viejo compañero. Adolfo Gutiérrez Fdez
(Txirpial)
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del autor: yerkoi@yahoo.com E-mail
de la Revista: info@bajoloshielos.cl © 2005. Yerko Isasmendi, por el texto. © 2005.Bajo los Hielos, por la edición digital. |