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    Tradición y Literatura Trascendente

 

 

                                                                

Revista Bajo los Hielos

  Tradición y Literatura Trascendente

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INDICE N°17

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©Bajo los Hielos 1999-2006


"El Qorikancha en el pensamiento contemporáneo"

 

(Jesús Washington Rozas Álvarez)          

 


        

         La mejor manera de aproximarse al modelo del pensamiento andino es buscando la verdad entre los propios comuneros, ya que ellos son los herederos de aquella tradición creada de manera particular por los inkas. A través de los tiempos, la tradición andina  ha solucionado, no sólo los enigmas, sino la supervivencia de su sociedad y cultura.      

           Tenemos que pensar que no es fácil interpretar el pensamiento de los inkas cuando no se conoce bien su verdadera tradición[1].

Sin embargo, la etnografía contemporánea puede sernos útil para entender la visión universal y total del mundo enigmático de los inkas. Para comprender mejor esta posición, es necesario referirse al Templo del Qorikancha en su dimensión espiritual y su sentido universal, vale decir, en lo religioso, político, social y económico como si cada una de estas instituciones estuvieran incrustadas en el pensamiento andino.

          Muchos etnohistoriadores, arqueólogos y antropólogos fueron motivados, a través de sus indagaciones en los documentos escritos por los cronistas y en la cultura material, a intentar esclarecer algunos enigmas que encierra el templo del Qorikancha. Lo que podríamos rescatar de estas indagaciones, es que los  investigadores coincidieron en afirmar que el templo no sólo fue edificado para la divinidad del Sol, sino, que también albergaba a otras divinidades llamadas Wakas que representaba a distintos ayllus. Tal vez, es ésta la idea principal que podemos tomar en cuenta para tomar el camino hacia la comprensión del pensamiento del hombre andino prehispánico y contemporáneo. La fuente más esclarecedora con que podemos confiar son las crónicas, pero si uno los lee con mucho cuidado y compara con los datos etnográficos del mundo andino contemporáneo, de esa forma podemos contar con la posibilidad de extraer la parte medular de la ideología inka. Los cronistas afirman la gran riqueza material y espiritual que emanaba el Qorikancha a todo el Tawantinsuyo, si esta idea, se mantiene todavía viva en la memoria colectiva de los comuneros actuales, tendríamos la esperanza de conocer la verdadera tradición andina.

La riqueza material del Qorikancha consistía en su propia arquitectura, que según Cieza de León (1973), el templo abarcaba un circuito de cuatrocientos pasos, con paredes construidas de piedra labrada con tanta fineza que se ajustaban unas a otras de manera perfecta. La impresión que tuvo Bernabé Cobo del templo, lo manifiesta en sus relatos, según él, el Qorikancha wasi estaba cercado de paredes altas y vistosas, bien encuadradas, construidas de bloques de piedra rectangulares, labradas con fineza (1956). El diseño arquitectónico parece muy sencillo y no posee nada que sea notable, sin embargo su aspecto discreto, vela en ello lo que tiene de superior. El templo consistía sólo de ocho habitaciones o capillas que rodeaban a un patio central, y una de las habitaciones, se hallaba a un extremo, fuera del circuito. El Inca Garcilaso de la Vega señala que el templo estaba techado con ichu (paja) y todo el conjunto arquitectónico se hallaba a orillas del río Saphi que confluye en el río Watanay; estaba rodeado de andenes donde cultivaban plantas ornamentales y maíz (1991). Es posible que el arquitecto del templo se haya inspirado en la ideología de entonces para diseñar y construirlo, porque la intención primordial era asemejarla  a una despensa de alimentos (taqe wasi), es decir, el templo concentraba el poder sobrenatural disperso en el universo simbolizado por las Wakas (deidades). Esta idea es una evidencia de que el artista de ese tiempo sabía bien lo que pretendía. A este Gran Templo, conducían los caminos principales de cada una de las cuatro regiones que componían el Tawantinsuyo. Simultáneamente esos caminos dividían en cuatro grandes regiones al Imperio. El término “Suyo” significa franja, línea divisoria y Tawantinsuyu no es sino la suma de las cuatro regiones que conformaban el Imperio. De la misma manera, la ciudad de Qosqo estaba dividida en dos sectores: Hanasuyu (la parte alta) y Urinsuyo (la parte baja). Además, cada región se subdividía a través de líneas imaginarias llamadas “Seqhe” que cuyo significado, viene a ser sendero, línea, medida de espacio o hito esencial. Los Seqhes agrupaban de manera semejante a un rosario, a los centros, adoratorios o wakas esparcidas en el territorio imperial. La idea fue, que cada Seqhe jalaba la “fuerza” o Poder (kamaq o kallpa) concentrados en las wakas hacia el  Qorikancha.

El cronista Reginaldo Lizárraga menciona que en el centro del patio del Qorikancha existió una pileta de forma cuadrangular, por lo que según la versión oral del arqueólogo Luis Barreda Murillo, los Seqhes podrían haber confluido a esta pileta. En una oportunidad que mostré el plano del Qorikancha a un agropastor de Huama, Calca, Cusco, opinó que la pileta fue el “ombligo” (pupu) del templo.

Otro detalle importante que se puede detectar en el diseño arquitectónico, son las hornacinas o vanos cerrados que se hallaban en cada habitación, a las que los arqueólogos denominan como nichos. Al margen de la hornacina gigante donde se hallaba el "Tambor Solar", las otras alojaban a otros “ídolos” que representaban a deidades celestiales y terrenales. Todas estas hornacinas estuvieron adornadas con planchas de oro y plata. Pues bien, el arqueólogo Ernesto Vargas tuvo mucha intuición al opinar que: “el Qorikancha fue un complejo religioso que albergaba a muchas Wakas” (Vargas, 2000).

Para entender la veneración que tuvieron los andinos a este templo, es necesario conocer su historia. Los cronistas relatan que en el gobierno de Manqo Cápaq se habría construido el Qorikancha (Garcilazo, 1991; Cieza de León, 1973). Y  según el arqueólogo Chavez Ballón, su edificación tal vez fue hecha sobre la base de una construcción pre-inka. No está lejos la hipótesis del arqueólogo, ya que Cristóbal de Molina el Cusqueño da un dato más convincente: de que el templo del Qorikancha, en su época prístina fue denominado Warikancha (1943). La palabra wari es un topónimo aymara cuyo significado atribuye a un animal ser autóctono, primitivo y oriundo. Sin embargo, la verdadera acepción de la palabra compuesta “Waricancha” es "cerco de animales" (alpacas y llamas). Para comprender mejor la historia del templo, es preciso tomar la cronología establecida por Raymundo Béjar (1990), quien con cierta minuciosidad, observó los cambios de nombres que sufrió el templo. Es posible que estos cambios se hayan dado por razones del surgimiento de los Estados. Es decir, que los pueblos de ese tiempo, estaban intentando lograr su organización política, religiosa y cultural. Pues estos Estados habrían surgido en una época anterior a 1200 a. c y como ya mencionamos líneas arriba, el nombre de Warikancha con que fue bautizado el templo, correspondería al período pre-inka. A partir del 1200 d. c., el templo fue llamado Intikancha (Cerco del Sol) que concierne al “Inka Inicial” y cuando se dio inicio al período “Inka Clásico” a partir de 1450, el templo aparece con el nombre de Qorikancha, en el período colonial lo llamarán Templo del Sol.

Una característica actual en el uso del idioma quechua, es la utilización de bastantes sinonimias con la intención de definir con exactitud el significado verdadero que desea expresar el andino sobre un objeto, fenómeno o acontecimiento. Por ejemplo, el corral de los animales es denominado qorikancha, qolqekancha, mullukancha, expresiones que encierran significados que van desde lo estético hasta su importancia política, económica o sagrada que se le reconoce. Inti, que es el Sol, puede significar también Oro, Brillantez y al mismo tiempo Vida. Qori e Inti son términos metafóricos que expresan la riqueza del lugar, en este caso del corral o cerco. El corral de alpacas y llamas para un comunero ayacuchano o cusqueño significa estos valores. Algo más, el Qorikancha wasi tiene el mismo significado que el Taqe wasi (despensa), por lo que a mi parecer, ambos simbolizan el principio generador de vida.

 Desde este punto de vista, comparto con Raymundo Béjar cuando al referirse a la palabra "wari" que menciona el cronista Molina el cusqueño, anota que dicho término es también utilizado por los pastores contemporáneos. La palabra wari se utiliza para designar a una porción de delicada fibra que llevan en el pecho y el lomo, las alpacas. En las comunidades de pastores con ese término identifican a una alpaca autóctona, primitiva y oriunda. En cambio los Huarqui, comuneros que viven en la puna de Calca, utilizan el término para referirse a una "wari paqocha", es decir a una alpaca híbrida, o sea, al resultado del cruce entre alpaca y llama. Agregando más a esta idea, Félix Palacios (1977)  encontró la combinación de las palabras wari y willka, términos obviamente de origen aymara y que se refieren a un animal sagrado.

           Cuando el cronista Cieza de León describe el Qorikancha sólo entendió que esta palabra compuesta era atribuida por el revestimiento con oro y plata del templo, al fin y al cabo, podemos comprender la ignorancia de Cieza, él no supo la verdadera simbología que encierra el término qori (oro). El simbolismo esencial del Qorikancha aparece en los rituales de los pastores; lo que sucedió es que tanto el corral como el templo se inspiraron en una clara percepción de lo sagrado, el cual retoma el hilo de nuestra idea inicial. Pues como todo templo, era el lugar donde los inkas celebraban sus ceremonias sagradas y los términos qori y qolqe, en este caso, significan abundancia, concentración y riqueza espiritual.

Los cronistas Bernabé Cobo (1956) como el licenciado Polo de Ondegardo (1917) se acercaron más al verdadero significado que los andinos atribuían a su templo sagrado que los demás cronistas. Para los cronistas citados, Qorikancha era el centro y origen de las cosas y por esa razón, los Seqhe, esas líneas imaginarias que agrupaban a las Wakas de los diferentes ayllus convergían en el templo. Veamos lo que dice Bernabé Cobo:

 

"Del Templo del Sol salían, como de centro, ciertas líneas, que los indios llaman ceque; y hacíanse cuatro partes conforme a los caminos reales que salían del Cuzco; en cada uno de aquellos ceques estaban por su orden las guacas y adoratorios que habían en le Cuzco y su comarca, como estaciones de lugares píos, cuya veneración en general a todos; cada ceque estaba a cargo de las parcialidades y familias de la dicha ciudad del Cuzco, de los cuales salían los ministros y sirvientes que cuidaban de las guacas de sus ceques y atendían a ofrecer a sus tiempos los sacrificios estatuidos" (Cobo, 1956: 12).

 

Nos preguntaremos sin duda: ¿Qué simbolizan los Sheqes? ¿Por qué agrupan a través de sus líneas a las Wakas y a los ayllus de las cuatro regiones y convergen en el Qorikancha? ¿Qué significa todo esto? La respuesta es que toda manifestación andina se basa en principios de Concentración y Dispersión. El poder y los recursos, según los comuneros, tienden a Concentrarse y a Dispersarse (centrípeta y centrífuga). Lo que nos hace recordar a René Guénon, cuando expresa que en el desarrollo de toda manifestación, existen dos tendencias  opuestas, una centrífuga y otra centrípeta. De ello proceden dos fases complementarias de manifestación: una de alejamiento del principio y otra de retorno hacia el principio (1975). Las dos tendencias corresponden a una forma de ver el equilibrio en el mundo andino.

 

¿Por qué el Qorikancha? En primer lugar, el templo es una representación del cosmos en su estado de plena manifestación, es una imagen de construcción del orden y orientación. Al prevalecer el sentido de centro espiritual, que es el vínculo entre lo terrestre y lo imaginario sustentado en un espacio sobrenatural, a partir del cual, los andinos efectuaron su desarrollo. La ideología determina que este desarrollo como una extensión, se cumple desde su punto de partida en todas las direcciones imitando al centro mismo. Este centro del mundo manifiesta la idea centrípeta y al mismo tiempo centrífuga de las cosas. Por estas razones, los agropastores andinos representan al templo en su corral, en su chacra, en su vivienda y en su despensa (taqe wasi). La idea de este templo a manera de una despensa, no es sino una metáfora sobre la importancia de los recursos vitales, base para el desarrollo de la sobrevivencia y la reproducción en la sociedad andina.

 El sistema de organización social inka, podría decirse que parte desde el Qorikancha como punto central. El principio de organización: la tripartición, cuatripartición y la división decimal dan lugar a una estructura complementaria (Wachtel, 1973). La estructura de la organización social del Tawantinsuyo resulta de la combinación de estos principios. Así, los grupos Collana, Payan, Callao reúnen a matrimonios y todo el sistema de intercambios matrimoniales. En otras palabras, los Seqhes también simbolizan la estructura social de los inkas.

 Ahora bien, ¿qué dice la etnografía contemporánea acerca del Qorikancha?. El templo traduce el pensamiento de los andinos, y los comuneros, en especial los agropastores, lo tienen presente en su memoria.  Un avance ideológico sobre este aspecto puede verse en la réplica que hacen de este templo en cada pueblo, es decir, todavía podemos apreciar en las comunidades campesinas el recuerdo del Qorikancha wasi, cuyo diseño arquitectónico repetido en las casas familiares, no es sino una analogía de ella. En otras palabras, las familias al construir su casa y su corral, imitan, no sólo el diseño arquitectónico, sino lo más esencial, reproducen el principio ideológico de Axis Mundi con que la cultura andina prehispánica ordenó el espacio y las instituciones de ese entonces a través del templo.

 La existencia de los rituales significa que hay una transmisión permanente, por lo que los ritos contemporáneos mantienen hasta hoy la visión universal que tuvo el Qorikancha inka. El ejemplo más evidente que podemos contar es el ritual de ofrenda al Apu y/o a Pachamama (deidades andinas de hoy). Pues bien, en todo ritual andino, por regla general, el “Despacho” es la ofrenda más importante en el desarrollo de una ceremonia. Es un paquete que contiene elementos de los distintos pisos ecológicos y que simbolizan a los recursos de supervivencia. Es posible que en la época inka se haya utilizado una manta llamada “missa” para ofrendar a sus wakas y cuyo tejido está hasta la actualidad dividido en dos colores: claro y oscuro (blanco y rojo), lo que un pastor de Pampallacta, que vive en las alturas de Calca, conceptualiza como "par". Cuando Gonzáles de Holguín  explica que “missa sara” es una mazorca de maíz de dos colores, o “missa” cualquier cosa de dos colores (1989), le da un significado, es decir, que los colores que simbolizan oposición contiene “sami”. Y “sami” en su conjunto, puede ser un espacio, objeto, persona o animal que manifiesta Fuerza o en otros términos Poder. Para que el espacio o cualquier cosa tenga “sami”, debe poseer las dos fuerzas opuestas traducidas en izquierda y derecha (lloqe y paña), arriba y abajo (hanaq y urin) o a través del sexo, hembra y macho (china y orqo). Hoy, el papel del Despacho simboliza ese espacio cargado de sami, vale decir, es una representación del Qorikancha.

            Como toda oposición tiene sami, el corral o la vivienda denominado oro y plata mantienen esta simbología. En otras palabras, la oposición es lo más importante para el mundo andino, pues genera riqueza y abundancia  no sólo de alimentos sino también de espiritualidad.

 Cuando los elementos que contienen el despacho están  ordenados, se revitaliza la energía sobrenatural que es aprovechada para alimentar a las deidades que esperan exhaustos por el desgaste de su ciclo como divinidad que dota de alimentos a los humanos.  El orden de los elementos en el “Despacho” no es sino una réplica a la estructura de la organización social, política, espacial y espiritual del Tawantinsuyo que se dio a través del Qorikancha. En otras palabras, la dualidad, la cuatripartición y la tripartición inka son imitadas de manera permanente por el Despacho.

 Primero se coloca en el papel Despacho un mullu (concha marina), que según don Buenaventura de Huama, Cusco, es el Qorikancha y también enfatiza que es el pupu (ombligo) del Despacho. A partir de este punto, es decir del mullu, se organiza el “Despacho”. Se coloca el primer k’intu (tres hojas de coca) en dirección a la salida del Sol y otra en dirección del  Ocaso, y luego a los costados. Se debe de tomar en cuenta, que cada k’intu simboliza a la tripartición inka (qollana, payan, collao), vale decir, representa los poderes de cada Apu (waka) esparcidos en el mundo. Los otros k’intus se van colocando semejante a los seqhes que Bernabé Cobo y Polo de Ondegardo describieron en sus crónicas.

Ahora bien, valdría la pena reflexionar sobre el corral andino. Cuándo realizamos preguntas, ¿por qué denominan los pastores a su corral de alpacas y llamas “Qorikancha”, “Qollqekancha”?, ¿qué significa para ellos esos términos?. Su respuesta es contundente: "queremos decir Apu".

En realidad los pastores al invocar al corral o a la vivienda con las palabras, qorikancha, qolqekancha, qoriwasi o qolqewasi recuerdan lo que fue el templo inka y lo que representa para ellos en la actualidad.

El término aparece en los rituales de purificación del “uywa chuyay” que celebran en Febrero y en el “macho chuyay” en  Agosto. No describiré los rituales, pero si señalaré  algunos pasajes que coinciden en ambos rituales donde aparece el término qorikancha y el significado que le dan los agropastores de Huarki, Pampallacta, Huama de Calca, Cusco y de otros lugares como en Ayacucho, Puno y Arequipa.

Los agropastores denominan al corral de sus animales: Mullu kancha, Qorikancha, Qolqekancha. Se debe advertir que para ellos, qorikancha no sólo es el corral, sino también la casa, el taqe wasi (despensa) y las chacras. Si para los autores Arnold, Jimenez, Yapita y Romero la casa es un todo integrado con la chacra donde viven y se socializan la familia, para un agropastor calqueño  (Cusco), el espacio sagrado del ritual es la vivienda, el taqe wasi, la chacra y el corral. A esta relación productiva los comuneros le denominan Rugal, Lugar o Pukara. Un comunero de Paqchanta comentó que Pukara es un cerro con su laguna, alpacas, llamas, chacra, familia y vivienda. Lo que se puede interpretar como la fuente y origen de sus recursos vitales.

 En esencia el rito reproduce y simboliza lo que la mente de los hombres desean y lo manifiestan en su ideología. Por otro lado, el rito es una especie de cita a la confluencia de fuerzas y al ordenamiento de las cosas. En el ritual andino, los deseos que se desarrollan en la imaginación se dan a través de oraciones y canciones. Expresan esta idea: que la energía, los recursos, los hombres, etc., concentrados hacen una unidad y por ende, hacen una fuerza en común. El núcleo o lo concentrado es concebido como una "luz" y una esperanza de vida.

 El ritual tiene dos etapas: una, se desarrolla en el corral durante el día; y la otra, por la noche en la casa del agropastor. Aquí corral, casa y chacra es una unidad (masa). En síntesis, podemos decir que es la unidad reproductora de la familia, de su economía, del sistema político y de su espiritualidad.

 Cada familia posee y mantiene de manera particular y celosa su ritual, en otras palabras, cada familia es propietaria de su ritual, es el instrumento sagrado para su desarrollo tanto espiritual como material en el arduo camino de la sobrevivencia. En este sentido, el ritual es el camino para el desarrollo de la familia. Por eso cada agropastor, al decir mi “camino” (ñanniyoq) se refiere a sus secretos, a su intimidad, a su propia espiritualidad, a sus relaciones con su Apu y la Pachamama.

 Las líneas que traza la pastora con el taqo (óxido de hierro) en el lomo de los animales, al que ella llama seqhey, tienen la misma idea de los k’intus en el “despacho”. Las líneas simbolizan a la semilla sembrada en una chacra. Este dibujo es denominado wachuy (surcar), vale decir, que cada línea representa una faena. El wachu tiene muchas acepciones, y su principal significado está relacionado con el cumplimiento o conclusión de una labor establecida. En la agricultura, todo comunero que da inicio a la labranza del wachu (surco) debe concluir y por ningún motivo abandonar esta faena. Pues, si esto sucede, la crítica es severa, ya que es calificado como ocioso, incapaz, no confiable. Por eso, el wachu es una tarea que, suceda lo que suceda, se debe cumplir, caso contrario, los recursos tienden a la dispersión. El wachu de la vida es la culminación de todos los objetivos que se traza una persona y debe concluir antes de la muerte; por ejemplo, en lo político, todos los comuneros se sienten conformes y satisfechos cuando cumplieron obligaciones de arariwa y alcalde.

          El temor de todo agropastor es a la dispersión (tendencia centrífuga) de los recursos o del poder sobrenatural. Para que esto no suceda, o los animales no se dispersen invoca:

          «Señoras y señores, brindaré con vuestra licencia al Apu Qochapata, Apu Milli, Apu Chayñapuerto, Apu Markusani, haré mis augurios de buenaventura para el pardo, para el viejo capitán, para que las alpacas de par en par vengan a mi qorikancha hasta que rebalse y no se vayan».

          Luego viene el samiy:

          «Señores y señoras voy a dar mis augurios. Padre Ausangate, para las hermosas llamas, para las alpacas, para los cargueros señores y señoras les doy mis buenas venturas, para que las hermosas vengan a mi qorikancha, a mi qolqekancha. Que vengan de Paqchanta, de Sicuani, que vengan de todas partes, que se concentren en mi qorikancha, qolqekancha hasta que rebalsen».

          Durante la noche, la casa se convierte en el templo del qorikancha. La hornacina frente a la puerta es una representación simbólica de ese templo, es el lugar sagrado de la casa, era el sitio donde aseguraban la mesa qepe (atado ritual), hoy se la guarda en el taqe wasi. La hornacina de una vivienda actual de los comuneros, todavía cumple con esta función, pese a que se hallan imágenes cristianas, en especial la imagen del Señor de Huanca.

          El ritual de la noche empieza con las invocaciones al kuyu mullu. Consiste en depositar los bolos de la coca masticada en una manta. En cada bolo va el aliento de los hombres y su deseo. Al momento de depositar cada bolo invocan su deseo para la abundancia de pastos, animales y  productos agrícolas. Veamos un deseo:

         «Con vuestra licencia señores y señoras haré mi kuyu para las alpacas, llamas, para el padrillo, ovejas, vacas para que caminen adornados en los pastizales. Haré mi kuyu para los pastizales, para el pulla, pulla pulla, kunkuna, kurkur, huaylla ichu, laya, lacho...eso nomás papá, mamá hice mi kullu».

          Estos deseos son semejantes a los seqhes de los inkas, que tienen el objetivo de jalar, a través de la mente, a los recursos que se hallan dispersos en la naturaleza para que se concentren en el corral o en el taqe wasi (despensa).

          Luego construyen en la imaginación el corral, al que llaman corral perkay. Veamos una de estas construcciones:

          «Con vuestra licencia señores y señoras voy ha cercar un corral de oro. Cada año del Apu Andasco las piedras vidriosas haré llegar a mi corral. Del Pitusiray pesadas piedras, del abra del Lares piedras volcánicas, de la pukara Pichincha qocha arrojaré piedras. Cada año hondearé piedras duras y cercaré el corral de conchas marinas en la pukara de Ankasmarca. Empujando las piedras de par en par y de par en par construiré el corral. Muy largo cerqué, muy ajustado cerqué. Señores y señores construí el corral».

          El ritual que trabaja en lo imaginario, deja establecido el orden del pastoreo. En realidad el ritual manifiesta todo el ciclo del pastoreo y la culminación de este ciclo en el consumo. Tanto deidades y hombres necesitan del animal para sobrevivir. Hacen una escenificación del consumo. Dicen: «tu qorikancha que te ha dado: los ojos del animal, su corazón, la grasa del pecho, etc.»

          A manera de conclusión, podemos indicar que el Qorikancha fue y sigue siendo el lugar esencial de la ideología andina. El corral, la chacra, la vivienda y la despensa son calificadas con el nombre de este templo. En este caso, el deseo de la gente es que los animales más preciados y considerados por ellos como sagrados deben concentrarse en su Qorikancha. En el Qorikancha se reúnen los Apus, los animales y los hombres con el mismo propósito: de intervenir en los deseos de recuperar su fuerza vital, el poder perdido por el esfuerzo en la actividad del ciclo anual. En este sentido el Qorikancha no se da como tiempo histórico sino como tiempo arquetípico, que revitaliza una antigua tradición de la cultura andina. El rito hace posible que se mantenga la concepción de una ideología que se dio hace mucho tiempo, en los inicios del Imperio de los Inkas.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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BEJAR NAVARRO, Raymundo

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CIEZA DE LEON, Pedro

1973 (1553)   La Crónica del Perú. Edit. Universo, Lima, Perú

 

COBO, Bernabé

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 WACHTEL, Nathan

1973                  Sociedad e Ideología: ensayos de historia y antropología andina.

                          Instituto   de  Estudios Peruanos. Lima.


 


[1] La Tradición es el depósito de toda verdadera sabiduría... es posible mantener una visión universal y total. (Onorio Ferrero. La Crisis del Mundo Moderno,  René Guénon, 1975)

 


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